Hablar de tánatos da grima

La muerte es un fenómeno sencillo desde el punto de vista ecológico. Más o menos sucede que, cuando la reparación de los daños en un individuo es antiproducente en términos energéticos, merece la pena que dicho individuo muera.

Esta observación solo se entiende si estudiamos de forma global, los consumos energéticos de todos los individuos de todas las especies que han vidido alguna vez. Que me perdonen los biólogos por meterme donde no me llaman (en camisas de once baras, diría mi madre).

No consigo entender la preocupación de los mortales por lo que harán con nuestro fiambre una vez nos llegue la parca. Para mí, la solución es obvia: Haga usted lo que quiera. Ejercite TODOS lo fetichismos que sus “creencias” le dicten, done mis órganos, quémelo, patéelo, o lo que le apetezca en ese momento.

Es común que nos preocupemos en vida por donde van a reposar nuestros huesos, por quién va a dilapidar nuestra herencia, por qué ritos se celebrarán en nuestro nombre, etc.

A veces contratamos seguros, para que alguien reciba una pasta gansa cuando palmemos. Para mí esto es un absurdo. Es tirar el dinero:

  1. Si estoy muerto, NO PUEDO alegrarme de que un ser querido se forre… luego, dinero malgastado.
  2. Dicho ser querido, estará bastante triste y le dará por saco la pasta y lo demás. A ver si me explico, es como si tras haber recibido un balazo, le curan un dolor de muelas. No puede apreciarlo. No le va a hacer feliz.

Luego están los seguros que te garantizan unas exequias dignas. Es decir, que pagas a plazos el funeral. Yo, este negocio no lo entiendo. Mi lógica me dice que no tiene sentido:

  1. Las aseguradoras pueden dar por sentado que TODOS van disfrutar del entierro.
  2. Entonces, harán sus cálculos para que, cuando mueras, hayas dejado pagado los gastos del entierro. Es decir, el riesgo es de 100%. No es como cuando aseguras tu casa contra incendios, que te cobran menos de lo que supone sufrir un incendio porque es poco probable que se te incendie la casa.

Por último y por contra, no es nada común hacer testamento de vida, es decir, que cuando la muerte se presenta y te arrebata un familiar o ser querido, nadie sabe cómo ha de comportarse contigo. Y es que cada uno le gustaría ser tratado de forma diferente. Es algo muy personal y una vez más, depende de las creencias y otras fantasías.

Hay varias opciones:

  1. Llámame y dime que lo sientes mucho. Necesitaré estar con otras personas. Oir otras voces.
  2. Hay una versión extrema de esta opción: Si no me llamas lo tomaré como una ofensa, en plan “me dejó solo en ese momento tan dificil…” o “qué mala educación, ni siquiera vino al entierro”, etc.
  3. No me llames, pero vente al entierro. Deja tu tarjeta y envía corona de flores.
  4. Preferiría no oir frases hechas como “no somos nada” y demás. Acercaté y dame un abrazo y ya está.
  5. Lo siento, prefiero estar solo y no quiero saber nada de nadie en cierto tiempo.
  6. Pasaré meditando mucho tiempo. Ya llamaré yo.
  7. Quedamos esta noche en el bar de siempre y nos tomamos una docena de cervezas.

Hoy por hoy lo tengo claro. Hay que prepararse más para ver pasar cerca a la muerte que para cuando te venga a buscar.

¿Y tú? ¿cómo te gustaría que te tratasemos en ese momento?

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