deprecatio 2008 est

El año solar es, quizá, el menos artificial de los cambalaches psicológicos humanos a los que recurrimos para construir ciclos y fases, para hacer borrones y cuentas nuevas y para excusar el exceso de tradicionales celebraciones.

¿de qué sirve cambiar de año tan lejos como vivimos de una sociedad agrícola?

El bienestar de nuestra sociedad no depende tanto de la obediencia a los ciclos diurno-nocturnos, ni al orden de las cosechas, ni al rigor estacional tras estacional. En mi opinión, todo obedece a la necesidad del cerebro humano para recrear una situación de control sobre el medio y uno mismo.

El cambio de año arroja una baliza mental en el maremagnum de la memoria. Cambiar de año se antoja una ilusión de rejuventud, un “hasta aquí hemos llegado” y  un “tiro por que me toca”.

Contar hasta doce, mes por mes, propone un ardid emocional que nos hace la vida más larga. Nos propone sentirnos “en” un año. Nos impide sentir el vértigo de estar siempre en el centro de un periódo infinito de tiempo. Nos distrae de la fugacidad de los momentos y aplaza exámenes de conciencia, revisiones de principios, conciliaciones, reconciliaciones y enfrentamientos a miedos, complejos y prejuicios.

Procura que no falte nada esta noche en tu mesa: ciencia, esoterismo, magia, superstición, religión, mitología, tradición y costumbre. Procura hacer del que viene un año feliz para todos.

Anuncios