Imaginar

Imagina conmigo.

Piensa en una lona que cubriese el mundo. Me refiero a ras del suelo. Como una sábana que tapase cada bosque, cada montaña, cada casa, cada valle, etc.

Ahora imagina que esa lona estuviese a 100 metros de altura pero conservando el relieve del suelo. Imagina esa superficie imaginaria. Dibujando ondas imaginarias como si fuese un molde de escayola imaginario, a 100 metros de altura.

Piensa en que ese plano imaginario existe y está encima de tu cabeza, a 100 metros de altura. Asómate y mira hacia arriba, si quieres. Imagínatelo.

Nadie piensa en él porque no tiene nombre. ¿no tiene, no? ¿se lo ponemos? Tal vez, los pilotos de aviones lo hayan imaginado alguna vez… o la soñadora mente de las aves migratorias…

Semana Santa

La Semana Santa no es solo para los religiosos. Algunos descreídos también tenemos vela en este entierro.

La muerte y resurrección es un estereotipo conocido, buscado y celebrado por personas, clanes, razas y creencias desde el principio de los tiempos.

La transformación alquímica, la transmutación de los metales, la transfiguración de la carne, en esencia, encierran el culto al cambio, que los taoístas admiran como lo único constante.

En la mitología cristiana, la oportunidad de cambio, de muerte y resurrección, la oportunidad de renacer, la celebramos el primer domingo después de la primera luna llena, después del equinoccio de primavera.

Si eres, como yo, de los que la curiosidad le pega pataditas por debajo de la mesa, de los que el excepticismo le pega codazos, quizás te quede aún la oportunidad de participar de este homenaje colectivo al cambio.

Más allá del mito y los ritos, la Semana Santa invita al recogimiento, a la introspección, a la reflexión. La escenificación ritual, por ejemplo, las procesiones, magnifica esta oferta de sentimientos y tal vez puedas dejarte contagiar.

La llanura de la intimidad

Las neuronas descosidas por el uso. La lengua rota de tejer descripciones de sentimientos. Las velas hechas girones de tantas veces como cambia el viento.

La voz rasgada de tantas explicaciones en saco roto.

Perdiendo piezas del puzzle de los recuerdos. Remendando los sueños con hilo y vainica. Rubricandolos con punto (y final) de cruz (y raya).

Sangrando frases por la herida del costado. Mezclando vino y lágrimas en una última cena.

Sonriendo a la intemperie con la calma errante del lobo estepario. Recorriendo las vasta llanura de la intimidad.

De mayor quiero ser niño

No me gusta la plancha. De pequeño mi madre me prohibía acercarme a ella mientras planchaba. Eso era un fastidio. Todo el que haya sido un niño mimoso lo entenderá.

En cambio, con la máquina de coser era diferente. Cuando mi madre se sentaba a coser, yo me encaramaba al respaldo de su silla imaginándome en el último vagón de un tren hacia el lejano oeste. Su traqueteo (el de la ruidosa máquina de coser) me hacía soñar con indios y vaqueros como los que mi padre veía cada tarde en la televisión.

Si pudiesen, los niños sentirían lástima de los adultos. Por lo que nos cuesta ahora soñar e imaginar.
Porque nosotros somos las manos que hacen las sombras chinas y ellos son las luminosas caras boquiabiertas que las miran.
Porque nosotros vemos el truco del mago y ellos alucinan con ser aprendices de la Magia.
Porque a nosotros se nos queda pequeño el decorado, mientras ellos vuelan por los paisajes de los cuentos.

Yo de mayor quiero ser un niño…

Dibujos transparentes

Calor en fuga de tazones y bolsillos. Manos de trinchera en trinchera. Baho para los cristales frios.

Tardes al dictado del olor a castañas. Grumos en el chocolate. Hojas caducas. Páginas del final.

Caras de las que arrancaría una sonrisa tras otra. Espalda de palmadas. Palabras de sobra.

Explícitar la privacidad en las redes sociales

Una cosa que echo de menos en facebook, twitter y otros servicios a los que la gente aún se está adaptando es que expliciten el grado de privacidad de los contenidos que están creando.

Me refiero a que cuando alguien sube una foto a facebook, aparezca claramente quién podrá verla, quién no y porqué. Esta foto la verán pepe, juan que son tus amigos. Además los 25 amigos de cada uno de ellos. Y los amigos de los que estén etiquetados en esa foto que lleguen a dicho album. Y los amigos de los que comenten en dicha foto, etc. etc.

idem con los muros… ¿quién va a leer lo que escribo en el muro de esta persona? ¿lo que escribo en mi muro? ¿si le mando un mensaje directo?

Lo mismo pasa con twitter. ¿está claro qué es reponder a @un_follower? ¿qué es mandar un mensaje directo? ¿aparecerá en mi twitter? ¿aparecerá en el suyo?

La terminología de la web2.0 es nueva. Las redes sociales tienen mil características que cuesta adoptar y se aprenden poco a poco.
Es responsabilidad de los desarrolladores no hacer dudar al usuario. No hacerle pensar.

La forma de comportarse de los humanos en privado y en público es diferente. Mucha gente en nuestra historia cercana ha hecho muchísimo trabajo para garantizar nuestro derecho a la intimidad y privacidad. En definitiva, para que nuestra experiencia vital siga siendo tan rica como antes de Internet.

El miedo a perder la intimidad no debe interferir con una experiencia agradable de interacción en las redes sociales. Con una experiencia pública plena. Manejar ambos ámbitos no está reñido.

No deberíamos, por ejemplo, temer hablar por teléfono estando desnudos o… escribir un mail recién levantados de la cama 🙂 La tecnología debe alcanzar la simplicidad y usabilidad necesaria para que los usarios no teman por su privacidad e intimidad.

¿ya controlamos todos facebook? 🙂

La biblioteca de Deusto es un florero

Pues eso. Un bonito florero pegado al Guggenheim.

El nuevo Centro de Recursos y Ayuda a la Investigación (CRAI) es un despilfarrro de espacio y dinero. La universidad de Deusto ha invertido en un bonito edificio de Moneo en el terruño más caro de Bilbao y lo ha rellenado, con todo lujo de mobiliario, para que sus alumnos e investigadores pasen las horas leyendo libros.

Bueno, además de leer libros de papel, puedes navegar por internet.

De momento, “oh magnificencia” permiten usar portátiles. Aunque claro, tienes que llevarlo en la mano, por que la mochila está prohibida. 😯

Las mochilas las carga el puñetero diablo: solo las usan los terroristas, los ladrones y los estudiantes. Por eso es la biblio están prohibidas.

En su momento, el bipedismo nos permitió a los homínidos tener las manos libres y aprendimos a manipular herramientas. Luego inventamos las mochilas y así pudimos meter las herramientas dentro. Ahora, por la maldita psicosis antimochilas, desevolucionamos y todo en las manos denuevo. :-DDD

¿Qué más cosas se pueden hacer en el siglo XXI para investigar o aprender? ¿colaborar? ¿hablar? ¿comunicarte? ¿telecomunicarte? Pues bien, en la biblioteca UD no puedes hablar con el movil. Una cosa es velar por el silencio en las aulas de lectura y el orden en general. Otra es que no puedas hablar por el movil en el pasillo. Tienes que “salir del edificio”. No basta con abandonar el aula de silencio.

Eso sí, el edifio es seguro. Solo puedes acceder a la biblio con una tarjeta que garantice que eres quien dices. I feel safe in UD lib

Esas son las normas. Como me comentaba un amigo al que dejo en el anonimato, nacidas de un sueño húmedo de algún cargo universitario… en fin.

Me crispan las normas arbitrarias. No soporto seguir instrucciones puestas “al azar”, sacadas de contexto o desproporcionadas.

¡Pero qué chula ha quedado! No hay dia que no circule por las aulas de estudio una visita guiada por un empleado de la biblioteca, sacando pecho y mostrando las vistas al Guggenheim, al Puppy, el tranvía, etc.

No creo que los bibliotecarios estén muy contentos con que su trabajo sea vigilar estas normas. A un bibliotecario le gusta organizar el conocimiento, gestionar el patrimonio bibliográfico. En la UD los bibliotecarios están de pastores, de cuidadores, de vigilantes…

Como usuario estoy disgustado. No es que no haya buenas ideas implementadas en el CRAI, pero el dia a dia parece estar regulado por un montón de protocolos que parecen más destinados al control-por-el-control que para hacer la vida más facil a los usuarios.

¿y a tí? ¿te gusta la nueva biblioteca? ¿te gusta que velen por tu seguridad?

Respeto en el trabajo

¿Quién no tiene anécdotas de alguna entrevista de trabajo? Preguntas desconcertantes, inoportunas o impertinentes. Juegos psicológicos para poner en evidencia al entrevistado. Situaciones límite y desagradables, para comprobar su valía. Tensión gratuita para ver cómo se comporta el candidato ante un psicópata juguetón…

Una vez más me ofusco, me da el punto y tengo que daros mi opinión (como siempre, diferente del mundo) sobre la tolerancia al sufrimiento en el trabajo.

Me sorprende lo que la gente es capaz de tolerar por tener (o conseguir, o mantener) un puesto de trabajo. Creo que tenemos un problema cultural y es que no sabemos modular el tono en el que reclamamos nuestra libertad.

Me da la sensación de que la gente solo sabe ser “dócil y sumiso” o todo lo contrario: “violento y rebelde”.

La gente asume con facilidad (tal vez con gratitud) el rol de enemigo-del-jefe. No le importa relacionarse 8 horas al dia con una persona que le trata con indiferencia o soportar injusticias, siempre y cuando pueda luego, claro, despotricar a sus espaldas, despacharse a gusto en hombros de terceros, tomar el papel de víctima y lamentarse.
No me entra en la cabeza. No concivo que un jefe no pueda llegar a ser mi amigo. Me desconciertan las personas que expresan sin pudor que “tienen que poner una distancia con sus empleados”. Como si hacerse respetar no tuviese nada que ver con el prestigio o el cariño y sí con el miedo y la mano-dura.

Este tipo de relaciones laborales queman. Nadie las querría pero casi todos las aceptan. Suelen terminar en rupturas violentas. Todo suele acabar en palabras desagradables, pérdidas de nervios o, simplemente, en traiciones silenciosas.

En este sentido, la gente solo sabe reclamar su libertad a gritos, de forma violenta: Mal.

Un candidato a un puesto debe tener claro que debe empezar a reclamar su libertad desde la mismísima entrevista. Lo debe hacer en tono moderado, claro. Debe saber decir “no” con serenidad y denunciar con tranquilidad cualquier trato abusivo.

Un empleado no debe nunca (jamás) permitir que le falten el respeto. Es su responsabilidad. No sirve tolerar y despotricar luego: No.

Una posición de “mayor responsabilidad” dentro de una organización, solo da derecho a eso: a “asumir mayor responsabilidad”, a “tener la última palabra” en la toma de decisiones.

Liderar un grupo de personas o coordinar o supervisar el trabajo de un empleado no te exime de observar los cánones y normas de educación básicas. Las cosas se piden por favor y se dan las gracias.

A pesar de que el artículo me ha quedado un poco sindicalista, lo que pretendía es tirar de las orejas a todos los “hombres masa” que se dejan llevar por la corriente, se “tragan todo” y se limitan a transmitir la presión de arriba hacia abajo.

Procura hacer la vida de tus compañeros más facil. Solamente eso te permitirá ser feliz.

Por San Blas…

El caracter de un pueblo no existe. Nos diferenciamos más entre vecinos que entre conocidos en La Red.

Las costumbres no lo configuran. Las fiestas terminan convirtiendose superchería cristiana o en desconcertantes excesos colectivos.

¿San Blas?

La ortodoxia eclesiástica, esa en la que ningún cristiano cree, acostumbra, en fechas como hoy, bendecir los típicos cordones para dotarlos de extraordinarios poderes curativo-preventivos.

Cordones de San Blas

Me divierte imaginar semejante atrevimiento (semejante muestra de fetichismo) si de otra secta se tratase. La Iglesia Católica tiene el monopolio de la espiritualidad. Por eso, hoy no cundirá el pánico.

Yo ya me he pasado por Abadiño y he comprado unos pocos cordones mágicos… ¿y tú? ¿ya tienes tu cordón?