Hoy por la mañana

Me meto en el metro. La gente calla y se sujeta a las barras de acero. Sus rostros visten yelmos invisibles. Ninguna emoción atraviesa las celadas impertérritas.

Alguien lanza una mirada y se hace añicos contra alguna de esas cimeras emperifolladas.

El estribillo termina en mis auriculares y una tos se cuela en la música instrumental. En frente de mí un torso anónimo se sacude. Nada más lo sacará del anonimato. Nada más volvera a tener en cuenta que viajo en ese vagón. Es otro viaje tranquilo a ninguna parte.

Una señora se delata. Sube sola las escaleras mecánicas y niega con las cabeza. Algo contradictorio se le ha escapado de su armadura emocional.

Salgo a la calle. Respiro sobre mis manos y camino entre el frío. Vaya. Los cordones mis zapatos han deshecho los concienzudos nudos. Decido arriesgarme y no me detengo. Pronto se me olvida.

Ya estoy en la oficina. Los viajes expedicionarios por la ciudad han terminado por hoy 🙂

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Nieven y van

Conducir por la nieve requiere la pizca de tensión adecuada. Es peligroso y hay que evitar cualquiér maniobra brusca, sin embargo, es un auténtico placer la calma con la caen los copos.

En Gipuzkoa ya están cayendo las primeras nieves.

Mientras miro la pantalla, el rabillo del ojo me insinua la prolongada caída un grácil telón de ingrávidos copos de nieve.

Aquí teneis unas fotos que he sacado mientras conducía a casa: