Semana Santa

La Semana Santa no es solo para los religiosos. Algunos descreídos también tenemos vela en este entierro.

La muerte y resurrección es un estereotipo conocido, buscado y celebrado por personas, clanes, razas y creencias desde el principio de los tiempos.

La transformación alquímica, la transmutación de los metales, la transfiguración de la carne, en esencia, encierran el culto al cambio, que los taoístas admiran como lo único constante.

En la mitología cristiana, la oportunidad de cambio, de muerte y resurrección, la oportunidad de renacer, la celebramos el primer domingo después de la primera luna llena, después del equinoccio de primavera.

Si eres, como yo, de los que la curiosidad le pega pataditas por debajo de la mesa, de los que el excepticismo le pega codazos, quizás te quede aún la oportunidad de participar de este homenaje colectivo al cambio.

Más allá del mito y los ritos, la Semana Santa invita al recogimiento, a la introspección, a la reflexión. La escenificación ritual, por ejemplo, las procesiones, magnifica esta oferta de sentimientos y tal vez puedas dejarte contagiar.

La llanura de la intimidad

Las neuronas descosidas por el uso. La lengua rota de tejer descripciones de sentimientos. Las velas hechas girones de tantas veces como cambia el viento.

La voz rasgada de tantas explicaciones en saco roto.

Perdiendo piezas del puzzle de los recuerdos. Remendando los sueños con hilo y vainica. Rubricandolos con punto (y final) de cruz (y raya).

Sangrando frases por la herida del costado. Mezclando vino y lágrimas en una última cena.

Sonriendo a la intemperie con la calma errante del lobo estepario. Recorriendo las vasta llanura de la intimidad.

De mayor quiero ser niño

No me gusta la plancha. De pequeño mi madre me prohibía acercarme a ella mientras planchaba. Eso era un fastidio. Todo el que haya sido un niño mimoso lo entenderá.

En cambio, con la máquina de coser era diferente. Cuando mi madre se sentaba a coser, yo me encaramaba al respaldo de su silla imaginándome en el último vagón de un tren hacia el lejano oeste. Su traqueteo (el de la ruidosa máquina de coser) me hacía soñar con indios y vaqueros como los que mi padre veía cada tarde en la televisión.

Si pudiesen, los niños sentirían lástima de los adultos. Por lo que nos cuesta ahora soñar e imaginar.
Porque nosotros somos las manos que hacen las sombras chinas y ellos son las luminosas caras boquiabiertas que las miran.
Porque nosotros vemos el truco del mago y ellos alucinan con ser aprendices de la Magia.
Porque a nosotros se nos queda pequeño el decorado, mientras ellos vuelan por los paisajes de los cuentos.

Yo de mayor quiero ser un niño…

Dibujos transparentes

Calor en fuga de tazones y bolsillos. Manos de trinchera en trinchera. Baho para los cristales frios.

Tardes al dictado del olor a castañas. Grumos en el chocolate. Hojas caducas. Páginas del final.

Caras de las que arrancaría una sonrisa tras otra. Espalda de palmadas. Palabras de sobra.

La fina barrera entre el honor y el orgullo

El orgullo es, para la moral judeocristiana, un pecado capital. Es, para ellos, uno de esos errores por los que tu alma deberá arder en el tormentoso infierno hasta el infinito.

En Occidente, Siglo XXI, el orgullo es uno de esos sentimientos mezclados, que nos traen las peores consecuencias para nuestras relaciones sociales.

¿Cómo diferenciar una afrenta de honor de, simplemente, el rencor orgulloso?

El orgullo suele aparecer mezclado con la ira. El dolor es muy agudo al principio pero las heridas cicatrizan rápido. Por el contrario, el daño al honor es más leve pero constante. Las heridas suelen ser menos profundas aunque cicatrizan peor.

El ardor de venganza es un claro síntoma de orgullo. En cambio, la serena tristeza aparece más frecuentemente en un honor dolorido.

Ambas sensaciones requieren altas dosis de lucided, sin embargo, un orgullo ofendido suele desembocar en reacciones violentas, de consecuencias destructivas, para el mismo ofendido. Las deudas de honor suelen provocar acciones severas y contundentes, pero de dimensiones y firmeza controladas.

La penosa tendencia actual es que el orgullo gane terreno al honor en las personas de nuestra sociedad. El honor es algo que ha de labrarse con paciencia y fortaleza. El orgullo, por el contrario es de acceso fácil e inmediato.

¿Podemos opinar?

A pesar de la extendida costumbre ibérica de opinar sobre todo y de poner siempre la palabra por delante, existen ciertos reductos de la rex pública en las que el tabú impera y la opinión general es siempre la mejor. El sentido común a todo hombre (o mujer) reputado (o requeteputada) dicta hacer propio dicho punto de vista.

Uno de estos asuntos a los que me refiero es el arte. Cuanto más moderno mejor.

Recorrer un museo de arte moderno es pisar suelo sacrosanto. Entramos en el terreno de la fe:

  • Me situo delante de uno de esos cuadros.
  • Cruzo un brazo sobre el regazo y me agarro el codo.
  • Con la mano libre, me agarro la barbilla.
  • Cuanto más tiempo pase y más me mese la barba, más políticamente correcto. “Más mejor”

Pero por la cabeza, empiezan a pasarseme las tan socorridas frases: what the hell? what the fuck? ¿pero, qué ostias? etc. Me empiezo a acordar del nuevo traje del emperador (cuidado, spoiler) , como si de todos los que estamos recorriendo ese mismo museo ninguno nos atreviesemos a hoyar el respeto y admiración que los cuadros deberían inspirar.

En Amorebieta hay una rotonda en medio del pueblo. Y más en medio (en medio de dicha rotonda) hay una patata gigante. El autor y el que la encargó dicen que es una obra de arte. Judguen por ustedes mismos:

La patata de Amorebieta

Me da la sensación de que no es posible atreverse a calificar la obra, como horrorosa, como un deastre, un error, un despropósito. ¡Ojalá hubieran plantado un simple árbol, de verdad! Parece que decir algo de esto es confesarse culpable de ignorancia y carente de gusto y sensibilidad.

La crítica y calificación de una obra de arte es una creatio ex nihilo, es decir, nace de la nada. No es necesario tener un postgrado en arte para reconocer que tras una ejecución hay algún tipo de sensibilidad. No entiendo el “todo vale” que recomienda a los espectadores tragarse sus propias sensaciones, y asumir el complejo de no entender “qué coño quería expresar el artista”.

¿Es el arte moderno 99% basura?

La Informática: una profesión prostituida

Se ha convocado una huelga para el próximo 5 de mayo. No es una huelga de informáticos, aunque sí que habla de precariedad laboral, mileurismo, vivienda, etc.

http://www.p0110.com/2008/04/02/huelga-general-el-5-de-mayo/

http://www.huelgageneral.net/

http://meneame.net/story/huelga-general-el-5-de-mayo

Como decía, había oido que se trataba de una huelga de informáticos, aunque no es exáctamente del gremio, sí que veo algunos de nuestros problemas en la convocatoria.

Creo que me estoy volviendo un poco neoliberal, paranoico, burgués y egoista. Mis tendencias anarcoindividualistas siempre me han hecho sentir rechazo por los sindicatos y colegios profesionales, pero algunas reflexiones me llevan a pensar que hace falta una huelga de informáticos a gran escala para poner ciertos puntos sobre sus ies.

Mi teoría es que somos un colectivo “esponjoso”. Sí. Es curioso:

Hay una componente de fuerza que llega desde un lado:
-La sociedad demanda cada vez más y más soluciones informáticas.
-Cada vez hay más clientes. Cada vez se solapan más las peticiones, los proyectos se acumulan, se agolpan en los departamentos de ventas.
-No conozco a ninguna empresa que esté cruzada de brazos, solo conozco ejemplos de muertes por éxito.

Hay una segunda fuerza que empuja desde el lado opuesto: cada vez hay menos informáticos disponbles:
-Hay dificultades reales para encontrar profesionales.
-No llegan currículums a las empresas.
-No entran alumnos a las facultades.

En un sistema equilibrado (incrustado en el sistema de libre mercado del mundo capitalista, nos guste o no):
-la baja disponibilidad de informático/hora modificaría la oferta.
-la alta demanda, modificaría la oferta.
-haría que los precios de los productos informáticos subiesen de precio
-un cosa dificil, que solo la pueden hacer unos pocos, sería muy cara.

Igual es que todo el mundo NO PUEDE tener una sitio web por 300 euros.

Parábola del pescador de angulas

Yo no puedo comprar angulas, porque ya se han extinguido, casi y están carísimas. Pero no voy donde un pescador y le hago meter horas extras, para que se vaya a pescarlas a Kanchatka si hace falta.

Si el pescador de angulas fuese informático, se iría a Kanchatka tan contento, y sus jefes seguirían vendiendo tan barato que no podrían subir el salario al pescador jamás.

Todo el mundo comeríamos angulas y seguirían siendo bastante baratas.

Si algún pescador de angulas se quejase, pensaríamos que está loco. Igual el jefe le sube un poco el sueldo, o le hace pensar que está en una situación privilegiada, que recibe un trato de favor, etc.

Decía que somos un gremio esponjoso, porque nuestras condiciones laborales no han cambiado nada a pesar de que fuerzas externas están “sacudiendo” nuestra profesión, hasta habernos hecho perder, casi, hasta el prestigio.

Mercado de guitarra y pandereta

Es como si empezase a cree en una especie de creacionismo del mercado, más que en una teoría de la evolución del mercado.

Por ejemplo, los albañiles son, casi, servicios de lujo exclusivos. Los fontaneros, los mismo que los pintores de brocha gorda: artículos de ricos, un no va más para el bienestar.

Me da la sensación de que reina una corriente estúpida que premia al bufón, al torpe, al vago y que se rie del intelectual. En España, nos reimos de los genios, despreciamos la excelencia y alabamos la tontería y la picaresca.

No se te ocurra toser a un mecánico, que, amigo, “tú no tienes ni idea”. Ni exigir una sonrisa a un revendedor (tendero). No sometas a crítica ni sus precios ni sus márgenes de beneficio: a veces me parece que han sido revelados por dios y SON INMUTABLES. Por cierto, dios actualizó todos los precios en el 2002: (de 100 a 166 pesetas)

Sí ¿y qué?

En fín, mi enfoque es pesimista. Mi razonamiento, tal vez erróneo. Mis premisas, a lo mejor falsas, poco documentadas y tendenciosas.

Mis conclusiones, me dan rabia.

ACTUALIZADO: Gracias a Pablo veo que en barrapunto siguen metiendo el dedo en la llaga.

Lo que me gustaría…

Me gustaría no haber cometido jamás fallo alguno y hablar con firmeza mal sobre el mal y bien sobre el bien.

Me gustaría no tener vicio alguno, ni errores por costumbre y describir con desdén, buenas prácticas, severos consejos y duras críticas.

Me gustaría tener menos dudas, prejuicios y más independencia y así poder ser de veras intolerante con tradiciones, corrientes y creencias.

Me gustaría ser menos primate y animal, menos homínido. Así podría sentenciar comportamientos infantiles y apetitos primarios.

Me gustaría sumar importancia a todo y participar del dramatismo colectivo de la gravedad de existir.

Me gustaría apreciar las pasiones, pensar que mi forma de pensar no ha cambiado aún y compartir la creencia de un pasado siempre mejor.

Bueno, en realidad, no tanto…

Feliz año nuevo

Una nueva cinta de celulosa que se termina. En la pantalla, chispean manchas negras. El resplandor ilumina a medias los rostros de los espectadores ahora vueltos hacia el proyector.

Un operario se levanta, como aludido por la cinta que da vueltas inanimada. La sustituye por otra y termina, de una vez por todas, con el chasquido que el cabo suelto producía en cada vuelta.

Sentado en la última fila observo todo esto. Estoy distraido, o entretenido talvez. Balanceo las piernas que cuelgan de mi sillón, como si pudiese impulsar el tiempo, a modo de patinete, para que fuese más rápido.

Sigo pensando en tantas razones por las que estar agradecido, tantos buenostratos, tantos propósitos de enmienda y tantas ordenes de acercamiento incumplidas.

Aprieto mis labios contra la nariz, juntándolos mientras afirmo mentalmente. Reciclaré todas esas promesas para este nuevo año.

Justo cuando termino de elucubrar todo esto, el operario termina de sustituir la cinta del proyector. En ella algo escrito: “2008”