Imaginar

Imagina conmigo.

Piensa en una lona que cubriese el mundo. Me refiero a ras del suelo. Como una sábana que tapase cada bosque, cada montaña, cada casa, cada valle, etc.

Ahora imagina que esa lona estuviese a 100 metros de altura pero conservando el relieve del suelo. Imagina esa superficie imaginaria. Dibujando ondas imaginarias como si fuese un molde de escayola imaginario, a 100 metros de altura.

Piensa en que ese plano imaginario existe y está encima de tu cabeza, a 100 metros de altura. Asómate y mira hacia arriba, si quieres. Imagínatelo.

Nadie piensa en él porque no tiene nombre. ¿no tiene, no? ¿se lo ponemos? Tal vez, los pilotos de aviones lo hayan imaginado alguna vez… o la soñadora mente de las aves migratorias…

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Web y evolución del lenguaje

Cuando escribimos un anuncio por palabras (claro, cómo si no) en un periódico apenas albergamos dudas sobre los términos lingüísticos a utilizar. La situación cambia si es una web donde irán a parar nuestras palabras.

Me refiero sobre todo a las dicotomías pragmáticas como comprar y vender, alquilar y ¿alquilar?, emplear y buscar empleo, etc.

La información en Internet es más valiosa cuanto más recuperable es. Es decir, cuando alguien busca información acude a buscadores, favoritos compartidos, directorios, etc. De toda esta información recuperada, encuentra valiosa la información relevante y desprecia la información no relevante. Obvio. También desprecia la que no encuentra. Evidentemente.

Utilizo el término relevancia, no como el orden en importancia de los resultados sino como el grado de relación con los términos de la búsqueda. O como utilidad para completar el propósito del que busca.

Es común escribir y publicar contenidos en la Web con el deseo de que sean recuperados y además de que sean relevantes para quien busca y los recupera. Esto exige unas buenas prácticas de programación xhtml resumidas en cualquier manual de SERP (search engine resulst positioning).

Por otro lado se requieren cierta dosis de ingeniería social para empatizar con el potencial lector. Es necesario ponerse en el lugar del lector y pronosticar la forma en que este buscará información.

Por ejemplo, si estamos publicando fotos sobre nuestras últimas creaciones artísticas basadas en papel doblado, podemos construir una galería de fotos bajo el título de “cocotología” o “papirofléxia”. Si embargo podemos intuir que mucha gente, sencillamente utlizará los términos “pajarita de papel” o “barco de papel”.

Mientras que en un periódico es razonable escribir “se vende coche”, en la web nos damos cuenta de que los usuarios buscan mediante los términos “comprar coche”.

Ya existen aplicaciones que recopilan y resumen la forma en que los usuarios buscan. En la siguiente imagen aparece representada la cantidad de veces en las que se utiliza el término “comprar” (en rojo) frente a las veces en que el usuario prefirió “se vende” (en azul):

comprarvender

google trends

Esta costumbre podría llegar a influir en la forma en que evoluciona el lenguaje, premiando la oralidad y coloquialidad del lenguaje, haciendo frecuentes frases como “¿quieres comprar coche?”, o al menos más frecuentes que “se vende coche”.